17 de marzo de 2011

Gozo

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Mi comprensión del gozo es que abarca una amplia variedad de emociones, desde el sereno deleite al extremo júbilo. Los tiempos de bullicio y alegría son divertidos, y todos necesitamos esos momentos de risa al punto de hacernos doler la mandíbula. Probablemente no viviremos así todas los días, pero lo necesitamos. Si no, para qué nos habría dado Dios la capacidad de reír.

Como cristianos, deberíamos crecer en nuestra habilidad de disfrutar la vida y ser capaces de decir: "Vivo la vida de una manera serena y en calmo deleite". Creo que esto es una mezcla de paz y gozo.

Algunas de las palabras griegas relacionadas con el gozo en la biblia significan: deleite, alegría, sumamente gozoso, gozo exuberante, alegrarse, regocijarse grandemente, con gozo extraordinario. El diccionario Webster lo define como: un gran placer o felicidad, una fuente de placer o satisfacción, llenar de gozo o disfrutar.

Cualquiera que sea la definición que prefieras, la triste realidad es que hay muy pocos creyentes que conocen el gozo del Señor. No dejes que otro día pase sin experimentar el Reino de Dios en su esencia: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Nada hay tan trágico como estar vivo y no disfrutar de la vida.

Joyce Meyer, Ama a Dios y Disfruta La Vida.

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. --Romanos 14:17

15 de marzo de 2011

MÁS BONITAS QUE LAS PECAS

Por Carlos Rey

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Una anciana y su nietecito pasaron juntos el día en el zoológico. El pequeño tenía la cara salpicada de pecas. Había muchos niños haciendo cola para que un artista local les pintara garras de tigre en la cara.

—¡Tú tienes tantas pecas que no hay lugar donde pintar! —le dijo una niña.

El niño, avergonzado, agachó la cabeza. Su abuelita se arrodilló a su lado.

—A mí me encantan tus pecas. Cuando yo era niña, siempre quería tenerlas —le dijo, mientras acariciaba con el dedo las mejillas del pequeño—. ¡Las pecas son muy bonitas!

El niño alzó la vista.

—¿De veras? —preguntó.

—Claro que sí —le contestó la abuela—. A que no me puedes mencionar una sola cosa que sea más bonita que las pecas.

El niño lo pensó por un momento, miró detenidamente a su abuela, y le susurró al oído:

—Las arrugas.

El niño seguramente no lo sabía, pero la sabiduría de su ocurrente respuesta estaba apoyada por el viejo refrán que dice: «El diente miente; la cana engaña; pero la arruga no ofrece duda.»1

A muy temprana edad, aquel niño ya había aprendido el valor que tienen el cariño, la ternura, la experiencia y la paciencia de los ancianos. El refrán lo da por sentado. No hace más que distinguir entre las señales auténticas y las señales engañosas en lo tocante a la vejez. Porque es cierto que la dentadura no es señal segura. Hay quienes tienen dientes muy malos en cuerpo muy joven. Y también es cierto que las canas tampoco comprueban la edad. Hay quienes tienen canas prematuras, que dan la impresión de que tienen muchos años más que los que quisieran aparentar. En cambio, las arrugas difícilmente aparecen si no es con el paso de los años. De ahí que el refrán diga que «la arruga no ofrece duda».

Así como no debemos burlarnos de los rasgos físicos negativos de los demás, tampoco debemos alabar al extremo sus cualidades físicas positivas, como se hace en los concursos de belleza. ¿Acaso tienen las personas más bellas algo que ver con el atractivo físico que han heredado? Concentrémonos, más bien, en elogiar las cualidades morales y espirituales positivas que cada cual va cultivando con esfuerzo personal. Sigamos el consejo del apóstol Pablo: Asegurémonos de «que [nuestra] amabilidad sea evidente a todos.... [Consideremos] bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio». De hacerlo así, «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará [nuestros] corazones y [nuestros] pensamientos en Cristo Jesús».2

 

1 Refranero general ideológico español, compilado por Luis Martínez Kleiser (Madrid: Editorial Hernando, 1989), p. 220.

2 Fil 4:5,7,8

14 de marzo de 2011

Para leer a solas…

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Cuando yo tenía trece años, mi familia se había mudado al sur de California del norte de la Florida un año antes. La adolescencia me había golpeado fuertemente. Me mostraba enojado y rebelde, y prestaba muy poca atención a lo que decían mis padres, en especial si se refería a mi. Como tantos adolescentes, luchaba por evadir todo aquello que no concordara con la imagen que tenía del mundo. Al creerme un joven "brillante que no necesitaba consejos", rechazaba toda manifestación abierta de cariño. De hecho, me enojaba al escuchar la palabra amor.

Una noche, después de un día especialmente difícil, me encerré enojado en mi habitación y me fui a la cama. Mientras yacía allí en la intimidad de mi dormitorio, mis manos se deslizaron debajo de la almohada. Encontré un sobre que decía, "Para leer a solas".

Puesto que estaba solas, nadie sabría si lo leería o no, así que lo abrí. Decía: "Mike, sé que tu vida es difícil ahora, sé que te sientes frustrado y que no siempre hacemos las cosas bien. También sé que te amo con toda el alma y que nada de lo que digas o hagas podrá cambiar eso. Estaré siempre a tu lado por si necesitas hablar, y si no, no te preocupes. Soló quiero que sepas que no importa a dónde vayas o lo que hagas en tu vida, siempre te amaré y me sentiré muy orgullosa de que seas mi hijo. Estaré siempre contigo y te quiero-eso nunca cambiará. Con amor Mamá"

Esa fue la primera de varias cartas "para leer a solas". Nunca se mencionaron hasta que fui adulto.

Hoy en día viajo por todo el mundo ayudando a la gente. Al final de un día que me encontraba en Sarasota, Florida, dando un seminario, una dama se me acercó para confiarme los problemas que tenía con su hijo. Caminamos por la playa y le conté acerca del eterno amor de mi madre y de las cartas "para leer a solas". Varias semanas después recibí una tarjeta en la que me decía que le había escrito su primera carta a su hijo.

Aquella noche, cuando me fui a la cama, puse mis manos debajo de la almohada y recordé el alivio que sentía cada vez que recibía una carta. Justo antes de quedarme dormido, agradecí a Dios que mi madre supiera lo que yo, un adolescente rebelde, necesitaba.

Hoy, cuando hay tempestades en los mares de la vida, tengo la certeza de que bajo mi almohada existirá siempre aquel testimonio de que el amor-constante, perdurable, incondicional-transforma la vida.

Mike Staver, Sopa de pollo para El Alma de la Madre.

A SALVO DEL JUICIO

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La sangre de Cristo limpia de todo pecado – es nuestra expiación. Pero antes que nada, es nuestra seguridad. Es la manera en que Dios se asegura de tener un pueblo listo para ser completamente liberado. Recuerde la noche de la Pascua, los Israelitas estaban a salvo pero no habían sido liberados todavía. Ellos aún tenían que enfrentar un Mar Rojo, un desierto, una guerra contra gigantes, unas murallas imponentes, y unas fortalezas enemigas.

Estoy convencido de que antes de poder pelear contra postestades y principados, de ser capaz de resistir pasiones y tentaciones (nuestros gigantes de hoy en día), debo tener conocimiento de que al estar cubierto por la sangre estoy
seguro. Por tanto, a pesar de no estar completamente liberado, me encuentro a salvo del juicio. Los enemigos de la carne me aguardan amenazantes, pero la sangre ha hecho de mí un soldado salvo.

Usted no puede luchar contra gigantes, derribar fortalezas, o hacer frente a circunstancias abrumadoras a no ser que tenga una certeza absoluta de estar cubierto por la sangre. No importa lo que diga mi corazón, no importa cuán culpable o condenado me sienta, no importa las voces que me susurren, ¡yo debo saber, sin duda alguna, que soy salvo! No voy a ir al juicio porque la sangre en la puerta de mi corazón me mantiene seguro ante Sus ojos.

Siempre estamos con dudas acerca de nuestra seguridad. Si Dios hubiese basado nuestra seguridad en el amor que le tenemos o en nuestros buenos actos, estaríamos en mayor peligro que aquellos que han quebrantado la ley pues bajo la gracia existe una demanda más alta. Dios debe quitarnos de las manos nuestra seguridad para que ésta se fundamente solamente en su  misericordia y en su gracia. Una segurirdad no basada en nuestra devoción, ni en nuestra obediencia, ni en nuestra bondad – sino solamente en su misericordia. Obediencia y devoción son el resultado de nuestro amor por Cristo.

No fue el pan sin levadura que salvó al pueblo de Israel sino la sangre. Ningún Israelita “entró y salió” de su protección por alguna falla personal. Todos estuvieron a salvo hasta que pasó el juicio. La obediencia fue poner la sangre en el marco de la puerta. A nosotros se nos ha llamado a confesar y a confiar en la sangre redentora de Cristo.

Nunca fue la intención de Dios que Sus hijos vivieran en temor, con ansiedad o culpabilidad. Él ha preparado un descanso para ellos: la perfecta y absoluta seguridad de la sangre de su amado Hijo. Con este acto de gracia, Dios le estaba diciendo a Israel, “Ahora que ustedes ven que los he asegurado y los
he sacado del miedo al juicio, dejen que Yo libere sus cuerpos. Yo les di esa seguridad para hacerlos santos”.

El hecho inalterable es, que no hay ni una cosa que se pueda añadir a la sangre de Cristo para hacernos más seguros. La sangre nos ampara perfectamente haciéndonos aceptados ante Dios y librándonos de Su ira. El apóstol Pablo declara “Con mucha más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).

David Wilkerson

13 de marzo de 2011

Celebra La Vida

http://www.renuevodeplenitud.com/celebra-la-vida.html

Es posible vivir tranquilo, teniendo quizá propuestas laborales, logros, quehaceres, pero sin nunca llegar a disfrutar realmente de la vida. Esta es la realidad de los inconversos, como también la de los creyente que no han aprendido a disfrutar de la vida que Dios les ha regalado. Jesús nos dio la existencia para que sintamos el placer de estar vivos, y no solo para que podamos atravesar sus vaivenes tratando de sobrevivir hasta que Él regrese a buscarnos, nos lleve al hogar celestial.

Disfrutar la vida es una decisión que no se basa en circunstancias placenteras. Es una actitud del corazón, una decisión de disfrutar cada cosa porque cada una -aún aquellas pequeñas y aparentemente insignificante- tiene sentido dentro del total y "gran plan" de Dios.

La duda y la incredulidad son los ladrones del gozo, pero la fe sencilla, como la de un niño, desata el gozo que reside en nuestro espíritu porque el Espíritu Santo vive allí. En la medida que creamos que la voluntad de Dios para nosotros es que experimentemos gozo permanente, descubriremos un poder que nos eleva por encima de las circunstancias. Nos sentiremos libres para dejar nuestros problemas en las manos de Dios, mientras disfrutamos de sus bendiciones.

Debemos aprender a celebrar el gozo en Dios, para vivir la vida "a pleno".

Joyce Meyer, Ama a Dios y Disfruta la Vida.

El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Juan 10:10

Amado en Gran Manera

http://www.renuevodeplenitud.com/amado-en-gran-manera.html

Muchos creemos que Dios ama al mundo, pero no estamos realmente convencidos de su amor por nosotros. Algunos sentimos que Él nos ama siempre y cuando hagamos todo correctamente. Pero nos dios cuenta, hace tiempo ya, que a Dios nada le sorprende con respecto a nosotros.

Hemos estado equivocados en nuestro pensar. Dios nos ama, ¡Dios te ama! Para Él, eres especial. Él no te ama porque seas una buena persona o hagas todo bien. Él te ama porqué Él es amor. El amor no es algo que Dios practique; es Quien Él es.

El amor de Dios no puede ganarse o merecerse. Debe recibirse por fe. Su amor es puro y está siempre fluyendo. Él es Dios eterno, y nunca podrás agotarlo o cansarlo. Muchos de nosotros pensamos que hemos desgastado a Dios con nuestros fracasos y confusiones, pero no es así. Él no siempre ama todo lo que haces pero ciertamente te ama a ti. El amor es su naturaleza inagotable.

No importa cuán arduamente busques las cosas de Dios; si no has recibido la revelación, de que Dios te ama, no podrás avanzar en la vida.

Permite que Dios te ame. Recibe su amor por ti. Sumérgete en Él. Medita en Él. Deja que te cambie y te fortalezca. Luego, transmítelo a otros.

Aunque fueras la única persona sobre la faz de la tierra, Jesús hubiera pasado todo el sufrimiento solo por ti. Su amor por ti es eterno.

Joyce Meyer, Ama a Dios y Disfruta la Vida.

Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que en él cree no se pierda. sino que tenga vida eterna. Juan 3:16

11 de marzo de 2011

El Valor de un Alma

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Un día conocí a un hombre manco mayor de edad en una región donde posteriormente quedaría establecida una obra misionera. A Lewis se le ofreció literatura cristiana pero la rechazó con furia. Él vivía en una casa muy modesta en la ladera de una montaña.

Un día le pregunté a Lewis acerca del brazo que le faltaba. "Bueno", dijo, " una noche, cuando era joven y alocado, yo decidí dar un paseo gratis en un tren de carga. Mientras trataba de sujetarme entre dos vagones, una sacudida brusca me hizo perder el agarre y caí entre los dos vagones. Caí sobre los durmientes con mi brazo extendido sobre el riel, y la rueda del tren me lo corto. Allí quedé tendido mientras trece vagones pasaron sobre mi"

Pensé para mi: Tan cerca de la muerte y aún con tanta dureza en su corazón. ¿Cómo puede ser posible? Mantuvimos contacto con este nuevo amigo, y pronto una pequeña iglesia fue fundada cerca de su casa. Su corazón de piedra comenzó a ablandarse. Asistió a los cultos de la iglesia y luego recibió a Cristo y fue bautizado.

Lewis, un ex fumador de cigarrillos, empezó a tener problemas físicos. Su laringe se infectó y tuvo que ser quitada, dejándolo mudo. A partir de ese momento, cuando no podíamos leer sus labios, él se comunicaba con la ayuda de lápiz y papel. Finalmente, Lewis fue llamado a su morada eterna para recibir su galardón.

Hay muchísimas almas en condiciones similares a la de Lewis. Hace años, yo escuché a un evangelista decir que un promedio de ochenta y tres almas por minuto van a la tumba sin Cristo. ¡Que cifra tan asombrosa! ¡Ocupémonos en la búsqueda de las almas perdidas entre tanto que se dice: Hoy!

Willis Halteman, Junto a Aguas de Reposo.

Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro. Romanos 6:23