30 de noviembre de 2011

¿Celebramos al Señor en la Navidad?

Apenas ha comenzado noviembre y ya muchos nos aprestamos a celebrar la Navidad. Algunos se compran el árbol plástico más grande, que puedan pagar, para exhibirlo orgullosos delante de todos, y se aprestan a festejar por todo lo alto, para lo cual, surten sus despensas con antelación e invitan a numerosas personas. Es la fiesta por el aniversario del nacimiento del Niño Jesús, ocasión en la que muchos se olvidan del homenajeado, e incluso, a veces seden su lugar a otros personajes de la tradición.

Ya para los primeros días de diciembre, la ciudad se va llenando de los famosos arbolitos, con sus lucecitas, sus bolas de colores y los regalos de papeles brillantes; de piñatas, que hacen la delicia de los niños y las niñas; y de Santa Claus, el más popular de los personajes que suelen sustituir al Señor Jesucristo, en las actividades por su aniversario.

Y aunque desafortunadamente, no todos experimentan gozo en estos días -por la tristeza, la amargura, la soledad o el  dolor; generalmente asociadas a carencias materiales o afectivas, que se agudizan  en este tiempo-,  esta, por lo general, es época de fiestas, de aguinaldos, y muchas tradiciones.  Tan así resulta, que ya nuestras mentes se han acostumbrado a la idea de que la navidad es solo eso: comer, beber, hacer fiestas y, por supuesto, repartir muchos regalos, y buenos deseos, entre nuestros familiares y amigos.

Sin embargo, lo que celebramos el 25 de Diciembre, es mucho más que eso. La Navidad (del latín: nativitas,‘nacimiento’) es una de las fiestas más importantes del Cristianismo, que conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret, el Niño Rey o Mesías, ocurrido en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Fue su madre una Virgen, tal y como se había anunciado en las Sagradas Escrituras, y su padre adoptivo; José, perteneciente al linaje de David, el más famoso de los reyes de Israel.

El hecho tiene lugar a partir de que el ángel Gabriel le anunció a la Virgen María que ella iba a concebir al Mesías; ella alegó entonces, que necesitaría un esposo, pues a pesar de estar comprometida con José, aún «no había conocido marido». La respuesta del ángel en esencia fue, no necesitarás un esposo, porque el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra.

¿Qué haría usted si de pronto su novia o su esposa le dice que está embarazada por obra del Espíritu Santo? Pues este, ni más ni menos, fue el dilema al que tuvo que enfrentarse José, antes de que el ángel del Señor se le apareciera en sueños y le dijera que no temiera recibir a María su mujer, porque lo que en ella había sido engendrado, era del Espíritu Santo.

El nombre Jesús significa Salvador, ya en Hechos 4:12 el apóstol declara: “Porque  no hay  otro nombre  bajo  el  cielo, dado a  los hombres  en que  podamos ser salvos” y la noche de su nacimiento, los ángeles declararon a  los pastores: “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”.

Adán y Eva, expulsados del Paraíso por su desobediencia, cayeron y arrastraron consigo a la raza humana. “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). De manera que un Dios de Justicia, como el nuestro, no podía, así sin más, condonar esa deuda, sin desdecir su propia justicia. Demás está decir, que ninguno de los corderos, que frecuentemente le inmolaban los israelitas, en holocausto por el perdón, podía pagar el precio de un pecado tan grande. Se necesitaba una ofrenda muy especial, para que le resultara agradable al Señor; una,  cuya perfección debería ser tal, que necesariamente quedaría fuera de lo que humanamente puede ofrecer el hombre.

¿Quién que no sea Dios mismo, puede proveer este tipo de ofrenda?

Jesucristo, el hijo de Dios; ¡Dios mismo hecho Carne!, fue la ofrenda perfecta, destinada a cubrir la deuda por el pecado del género humano. Porque: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” [Jn. 3.16].

De manera que Jesús,  nació  y  vino  al mundo para  otorgarnos nuestra  verdadera  libertad,  la libertad que nace de haber pagado, con su sangre en la Cruz, nuestra deuda ancestral con el Creador. Al respecto, el propio Señor  declara en
Lc. 4:17‑20: “El Espíritu del Señor está  sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a  los pobres; me ha enviado a sanar a los  quebrantados  de corazón;  a pregonar  libertad a  los  cautivos,  y vista a  los  ciegos;  a poner en libertad a los oprimidos”  Ese grandioso acontecimiento, el más importante en la historia de la humanidad, es el que honramos, y en muchos casos deshonramos, durante la celebración de la Navidad.

Hoy Jesús, nuestro Señor, se encuentra sentado junto al Padre, hecho Dios él mismo, por el bendito misterio de la Trinidad, tal y como lo vio el mártir Esteban: “Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios

¿Qué pensaría usted si alguien pretendiera celebrar su cumpleaños, el de usted, claro, y ni siquiera se tomara el trabajo de invitarlo; o peor aún: si resultara invitado cualquier otro en su nombre? ¡Con toda razón, se sentiría ofendido! Pues entonces, como que el objetivo declarado de la Navidad, es glorificar a nuestro Señor Jesucristo, hagamos que en verdad sea una fiesta de Él.

Además, aprovechemos la magnifica oportunidad que nos brinda esta fecha, para permitir que Cristo entre a nuestra vida para ministrarla, trayéndonos paz en la Tierra y gloria para siempre. Porque -cómo dijo el profeta Pablo- teniéndolo a Él, “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

29 de noviembre de 2011

Por qué la gente se grita?

Un día un sabio preguntó a sus discípulos lo siguiente:
- ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos:
- Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos

- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? - preguntó una vez más ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al maestro.

Finalmente él explicó: - Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego preguntó: - ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Continuó: - Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego el sabio concluyó: Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

Proverbios 15:1 "La respuesta suave quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.

28 de noviembre de 2011

Pancakes

El pequeño Luis, de seis años, decidió una mañana prepararle "pancakes" a sus papás para desayunar.
Encontró un gran tazón y una cuchara, acercó una silla a la mesa, y trató de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo.

La mitad del paquete quedó desparramada entre la mesa, la silla y el suelo. Tomó toda la que pudo con sus manitas y la puso dentro del tazón, después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa que empezaba a chorrear por los bordes. Además había ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por él y su perrito.

Luis estaba totalmente cubierto con harina, y estaba empezando a frustrarse. Él quería darle una sorpresa a sus papás haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía qué más había que agregar a la pasta, o si había que hornear los "pancakes", pues ni siquiera sabía cómo usar el horno.

Cuando miró otra vez la mesa, su perrito estaba lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo de la mesa, pero por accidente derramó la botella de leche y además se quebraron unos huevos que había sobre la mesa al caer al suelo.
Intentó agacharse para limpiar, pero se resbaló y quedó con toda su pijama pegajosa, llena de harina y huevo. En ese momento, vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas se asomaron a sus ojos. Él solo quería hacer algo bueno, pero en realidad había causado un gran desastre.

Estaba seguro de que su papá lo iba a regañar y muy posiblemente, castigarlo. Pero su papá sólo lo miraba en medio de aquel desorden. Entonces, caminando encima de todo aquello, tomó en sus brazos a su hijo que lloraba, y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle llenarse él mismo de harina y huevo.

"Así es como Dios nos trata. A veces tratamos de hacer las cosas bien, pero sin querer terminamos haciendo un desastre.
Discutimos y peleamos en familia, insultamos a un amigo, hacemos mal nuestras obligaciones, y desordenamos nuestra vida.

Otras veces, sólo podemos llorar, porque ya no sabemos qué más hacer.

Entonces, es cuando Dios nos toma en sus brazos, nos perdona y nos demuestra que nos ama, sin importarle que pueda ensuciarse con nuestra suciedad.
Pero por el simple hecho de habernos equivocado, no debemos dejar de "preparar pancakes" para Dios o para alguien especial.

Tarde o temprano lo lograremos y Dios estará orgulloso de nosotros, porque no nos dimos por vencidos."

Dios no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Salmos 103:10.

25 de noviembre de 2011

Use sus Valores como Fundamento

La Entrenadora de Vida Personal, Anne Hartley, comparte su historia de crecimiento personal.

Anne abandonó un negocio exitoso, tomó un par de decisiones no sabias, y se mantuvo a flote por un tiempo hasta que creó su proceso de Diez Pasos para el Entrenamiento de Vida. Este proceso se basa en comprender y vivir de acuerdo a los valores personales propios.

Anne comenzó una nueva carrera como entrenadora de vida, compartiendo lo que ella había aprendido con otros y en 1999 abrió el "Hart Life Coaching", la escuela de entrenamiento de vida.

Ser una madre soltera en 1968 era socialmente inaceptable. Mis hijos y yo vivíamos en la pobreza con apenas suficiente dinero para la comida, hasta que descubrí libros que cambiaron mi manera de pensar, lo que finalmente cambió mi vida.

Inspirada por los libros que leía, decidí iniciar mi propio negocios, un servicio de mecanografiado. No tenía máquina de escribir pero tenía optimismo y le dije a todos los que conocía que estaba en el negocio. Poco después se me pidió que pasara a máquina una tesis así que pedí prestado dinero a una amiga, alquilé una máquina de escribir e hice el trabajo en la mesa de mi cocina.

Para 1980 mi vida se veía bien, nuestra situación financiera estaba muy mejorada, a mis hijos les iba bien y yo estaba feliz. Entonces, tres semanas antes de Navidad, mis hijos y yo asistimos a una fiesta de cumpleaños en la que mi hijo Robbie, de cinco años, se escurrió hacia el balcón, se encaramó en la baranda para volar sus avioncitos de papel y se cayó; estábamos en un quinto piso. Murió antes de que llegara la ambulancia.

Perder a un hijo es como perder el corazón. Al principio una se siente adormecida, entonces, cuando el impacto inicial de la sacudida se va, el dolor golpea con tal intensidad que no creemos que podremos sobrevivir. Una anda por allí como si el corazón nos hubiese sido aplastado en un millón de piezas y se pregunta si todavía estamos vivas, capaces de funcionar y manejar nuestra rutina diaria.

Por fuera, la mayoría de la gente piensa que estamos bien y manejándolo todo bien; por dentro, nos sentimos como si estuviésemos desmoronándonos. Uno piensa que nunca más será feliz o experimentará gozo. Si uno escoge hacerlo, uno sobrevive; es una escogencia. En el tiempo, el dolor se suaviza hasta que un día se va pero la vida nunca vuelve a ser la misma.

Aprendí de la muerte de mi hijo que yo tenía alternativas y que dependía de mí cómo permitiría que este evento moldease mi vida. Escogí crecer a través de la experiencia. Para entonces yo estaba en mis treintas y no podía comprender cuán alejada estaba mi vida de su meta original de un matrimonio feliz y niños. Decidí que si no podía tener el matrimonio y la familia que quería entonces me concentraría en criar a mi hija y en hacer dinero.

Regresé al trabajo en la industria de las inversiones y en dos años se me ofreció una posición estableciendo y dirigiendo un servicio de consultoría de inversiones para mujeres. Presentaba seminarios, era entrevistada regularmente por los medios y en poco tiempo me hallé escribiendo columnas para revistas y periódicos de importancia. Este éxito aparente no sucedió por accidente. Lo hice una realidad al trabajar duro, estudiar, meditar, afirmándome y visualizando para poder alcanzar mis metas.

Fue para este tiempo que escribí mi primer libro, "Libre Financieramente". Llegó a venderse muy bien. Se me invitó a hablar en conferencias en Australia y Nueva Zelandia. Tenía espacios regulares en la radio y la TV. Tenía todo el éxito que pensé podría hacerme feliz y no significó nada para mí. No estaba persiguiendo mi sueño; había optado por el premio de consolación. Había optado por el reconocimiento público esperando que aquello llenase el vacío en mi vida... no lo hizo.

Me resultó claro que necesitaba cambiar mi vida. Dejé mi negocio de planeamiento financiero e inicié un negocio nuevo pero este fue un desastre financiero desde el comienzo y perdí mucho dinero intentando que funcionase.

Los siguientes años pasaron en un mar de confusión. Mis intenciones eran buenas pero todavía tenía mucho que aprender acerca de mí misma y de la vida. Pasé de ser exitosa a estar plagada de preocupaciones financieras, tanto así que acabé tomando un empleo de tiempo parcial como contadora porque necesitaba el ingreso. Pasé de recibir $150 la hora por consultoría (y miles por una conferencia) a sólo $17 la hora; fue un golpe increíble a mi ego. Mientras que en lo exterior las cosas se veían oscuras, este período en mi vida me motivó a hacer el trabajo que hago hoy.

La vida a menudo nos presenta nuestras más grandes oportunidades bajo el disfraz de problemas y yo estaba al tanto de que había creado mi propio éxito antes y que podía hacerlo de nuevo. Sin embargo, esta vez decidí que quería una fòrmula, un proceso paso a paso que pudiese usar para crear lo que quería para evitar cometer los mismos errores. Sabía que había otros como yo y que si podía hacerlo trabajar para mí, entonces podría ayudar a otros atravesando las mismas dificultades. Tenía un propósito.

Al experimentar con valores, descubrí que nuestros valores pueden constituirse en nuestro propósito de vida, nuestra identidad y un compás para guiarnos en las decisiones correctas. Decidí dividir los valores en dos categorías que llamé ser y tener valores.

Nuestro "ser valores" son los rasgos de carácter de la persona ideal que quisiéramos ser: escogí ser bondadosa, amante y sabia y estos valores cambiaron mi vida. Es trabajo duro tomar una decisión equivocada cuando uno se detiene y piensa acerca de cómo actuaría una persona sabia. Cuando actuamos en base a estos valores consistentemente, le damos a otros a través de nuestras acciones diarias.

Nuestro "tener valores" son nuestras necesidades emocionales. Estos pudieran ser compañerismo, logros, apoyo, ser valorado o seguridad financiera. Esto es lo que necesitamos recibir para ser felices.

Cuando tomamos plena responsabilidad por satisfacer nuestras propias necesidades, nuestra vida cambia y a menudo otra gente se nos acerca para apoyarnos. Al ser conscientes tanto de la necesidad de dar y recibir, creamos balance y al mismo tiempo rompemos con el hábito de reaccionar. Entre más actuamos en base a nuestros valores, mayor será nuestra percepción de lo que podemos ser, hacer y cambiar y, a su vez, la percepción que otros tengan de nosotros también cambiará. Y como consecuencia natural, toda creencia limitadora que hubiese podido evitar que alcanzásemos nuestros sueños, también cambiarán.

Una vez que comencé a vivir de acuerdo a mis valores, la vida comenzó a fluir y cambiar para bien. Experimenté sincronía en la que la gente correcta y las oportunidades correctas parecían aparecer del cielo... la realidad es que las atraemos cuando somos congruentes.

Un día, alguien que ni conocía me llamó por teléfono y me preguntó si estaría interesada en ayudar a escribir un libro para uno de sus clientes y, créanme, la paga era mucho mejor que $17 la hora. Acepté y a pesar de que no era mi trabajo ideal, lo disfruté.

Del cielo, mi contadora me recomendó a alguien más que quería escribir un libro. Ayudé a escribir tres libros por todo y adapté dos de los libros de Suze Orman para el mercado australiano. Este trabajo no fue otro premio de consolación, fue un peldaño, una solución a corto plazo que pagó buen dinero por una habilidad que había desarrollado. Sabía que sin la preocupación de cómo sobrevivir financieramente, estaría en condiciones de enfocarme en arrancar un negocio que realmente amase. Siempre estuve clara sobre esto. Cambié la manera en que pensaba, hablaba y actuaba. Viví de acuerdo a mis valores y mis circunstancias cambiaron.

Durante los primeros doce meses de trabajar con mi proceso basado en valores, cuadrupliqué mis ingresos. Mi vida hoy es muy distinta de la que originalmente imaginé, pero puedo decir honestamente que amo mi vida, me siento tan bendecida. Usted también puede crear la vida que ama... cuando use sus valores como fundamento para todas sus escogencias.

Anne Hartley, copyright 2000

Mateo 7:24,25.
Cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca.

23 de noviembre de 2011

¿Hasta cuándo esperaras?

“La vida o es una aventura atrevida o no es nada.” Helen Keller

Muchas personas esperan que las condiciones estén perfectas para ir tras sus sueños. Muchos esperan por su pareja perfecta, el negocio perfecto, el trabajo perfecto, entre otras cosas que  desean. Déjame decirte que si sigues esperando el clima perfecto lo más seguro es que nunca llegue. La gente que ha logrado sus sueños no esperó el tiempo perfecto sino que a pesar de las dificultades eligieron comenzar a marchar, tomaron riesgos y crearon las circunstancias que les permitió estar donde querían llegar.

¿Qué te detiene para ir tras una vida extraordinaria?

¿Miedo al fracaso?

¿Miedo al rechazo?

¿Cuál es tu excusa?

Si deseas una vida extraordinaria, el mejor día para comenzar es hoy. No dejes que situaciones te detengan del propósito que Dios tiene para ti. Sabes muy bien que Él produce el querer como el hacer, Él ha colocado sueños en tu vida y los puso en ti porque sabe que tienes la capacidad para realizarlos.

Si deseas una vida extraordinaria, deja de mirar atrás, deja de mirar el pasado, el tiempo no vuelve. No seas como la mujer de Lot que por mirar atrás se convirtió en una estatua de sal y eso pasa cuando miramos atrás, “nos quedamos salados”. Dios siempre quiere que miremos hacia adelante.

Si deseas una vida extraordinaria, deja de pensar tanto y ponte en acción. Si piensas tanto es porque es una ilusión, pero si te pones en acción es porque eres un hombre o una mujer de fe que tiene certeza de lo que espera.

“Si quieres sembrar, no te quedes mirando al viento;  si quieres cosechar, no te quedes mirando al cielo.” Salomón (Eclesiastés 11:4, TLA)

La vida extraordinaria implica salir de la rutina, de la zona de confort, de comodidad y cuando lo haces tienes muchas probabilidades de alcanzar tus sueños y eso es mucho mejor que no hacer nada  esperando que la situación cambie.

¿Qué pasos vas a dar esta semana para ir tras una vida extraordinaria?

Quiero invitarte a ir por más en la vida. Dios tiene grandes cosas para ti pero debes moverte.

En amor y liderazgo,

Pedro Sifontes

21 de noviembre de 2011

Alma de Rey

El otro día, caminando por la cerca, me crucé con un joven que, al mirarme, me traspasó un poco de su tristeza.

Arrastraba los pies y sus ojos enrojecidos reflejaban un mar de abatimiento. La mirada perdida, como la de muchos de nuestros jóvenes perdidos en el vicio. Pero el mundo está hecho de contrastes.

Unos minutos después, me encontré con Alex. Es un joven de solo 17 años. Apenas nos hubimos estrechado la mano me empezó a contar, con entusiasmo desbordante, algunos proyectos personales como mejorar sus notas, comenzar una empresa con sus amigos y aportar a la noble labor de un centro de adictos, donde trabaja hace un tiempo.

Me contó lo que hace con este grupo, como les ayuda y como con su sola compañía los reconforta. Después de despedirnos, se me vino a la mente David, el personaje bíblico que derrotó a Goliat con su honda. Siendo apenas un muchacho, que cuidaba los rebaños de su padre, jamás se imaginó que dentro de si se lleva algo muy grande: un alma de rey.

El hecho es que llegó a ser uno de los más gloriosos reyes de Israel.

¿Cuántos jóvenes de nuestra ciudad irán por las calles sin llegar a descubrir jamás que llevan alma de rey? Y ¿cuantos jóvenes sin nombre como el de los ojos enrojecidos lo han descubierto ya gracias a la generosa labor de personas nobles y entusiastas como Alex? No lo sé.

Lo que si sé es que Alex me dio una gran lección: Está en nuestras manos, con sólo un poco de tiempo y de interés sincero, ayudar a las personas que nos rodean a descubrir que llevan dentro de sí un alma de rey.

Autor Desconocido

Tomó entonces Samuel la redoma de aceite, la derramó sobre la cabeza de Saúl, lo besó y le dijo: ¿No te ha ungido el SEÑOR por príncipe sobre su heredad? Cuando te apartes hoy de mí, hallarás a dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín, en Selsa, y te dirán: "Las asnas que fuiste a buscar han sido halladas. Y he aquí, tu padre ha dejado de preocuparse por las asnas y está angustiado por vosotros,
diciendo: '¿Qué haré en cuanto a mi hijo?'"
Entonces el Espíritu del SEÑOR vendrá sobre ti con gran poder, profetizarás con ellos y serás cambiado en otro hombre.
1 Sam 10:1-6.

Por qué me llamaste anoche?

Un amigo me llamó en la noche y me dió mucho gusto su llamada y lo primero que me preguntó fue: ¿Cómo estas?

Y sin saber por qué, le contesté:

¿Quiéres que platiquemos?. Me respondiò que sí , y el dijo:

¿Quiéres que vaya a tu casa?, y respondí que sí.

Colgó el teléfono y en menos de quince minutos, él ya estaba tocando a mi puerta.

Yo empecé y hablé por horas y horas, de todo, de mi trabajo, de mi familia , y él atento siempre, me escuchó.

Se nos hizo de día, yo estaba totalmente cansado mentalmente, me había hecho mucho bien su compañía, y sobre todo que me escuchara y que me apoyara, y me hiciera ver mis errores, me sentía muy a gusto, y cuando él notó que yo ya me encontraba mejor, me dijo:

Bueno, pues me retiro tengo que ir a trabajar.

Yo me sorprendí y le dije: pero por qué no me habías dicho que tenías que ir a trabajar, mira la hora que es, no dormiste nada, te quité tu tiempo toda la noche.

El sonrió y me dijo: no hay problema para eso estamos los amigos.

Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así.

Lo acompañé a la puerta de mi casa... y cuando él caminaba hacia su automóvil le grité desde lejos:

Oye amigo, y a todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?.

El regresó y me dijo en voz baja,

Es que te quería dar una noticia...y le pregunté: ¿qué pasó?

Y me dijo...fui al doctor y me dice que mis días están contados, tengo un tumor cerebral, no se puede operar, y sólo me queda esperar..el día en que tenga que partir de este mundo.

Yo me quedé mudo...él me sonrió y me dijo: que tengas un buen día amigo... se dio la vuelta y se fue...

Pasó un buen rato para cuando asimilé la situación y me pregunté una y otra vez, ¿por qué cuando él me preguntó cómo estás , me olvidé de él y sólo hablé de mi?. ¿Cómo tuvo la fuerza de sonreírme, de darme ánimos, de decirme todo lo que me dijo, estando él en esa situación?... Esto es increíble... desde entonces mi vida ha cambiado, suelo ser mas crítico con mis problemas, y suelo disfrutar más de las cosas buenas de la vida, ahora aprovecho más el tiempo con la gente que quiero.. por ejemplo él... todavía vive y procuro disfrutar más el tiempo y platicamos, sigo disfrutando de sus chistes, de su locura, de su seriedad, de su sabiduría, de su temple, de mi amigo...

"No hay amor mas grande que dar la vida por los amigos"
ASI QUE RECUERDEN , NUNCA HACER SENTIR MAL AUN AMIGO .AL CONTRARIO, HAZLE SENTIR QUE ES LO MAS IMPORTANTE PARA TI Y PASE LO QUE PASE ESTARAS ALLI ..PARA AYUDARLO Y COMPRENDERLO...EL AMOR Y LA AMISTAD ESTA POR DELANTE...

!!Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí! Porque la mano de Dios me ha tocado. Salmo 19:21.

En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. Proverbios 17:17.