18 de octubre de 2010

Momentos difíciles: ¿qué hacer? (1era Parte)

El éxito no consiste en vivir sin dificultades, sino en descubrir cómo convertir los obstáculos en oportunidades de vida.

Hace poco estuve con una familia que me habían pedido visitar. El padre de esta familia padece de cáncer. Le han extraído un ojo. La enfermedad le ha invadido el hígado. No obstante, lo encontré lleno de alegría y de paz. Él y su esposa se rieron juntos cuando me contaron que ella le había preguntado, días atrás: «¿Y cómo quieres el ataúd?» ¡Yo me quedé sorprendido! El hombre me comentó: «estamos hablando con nuestros hijos; estoy preparando a mis padres y a mi familia. No pasa nada malo; simplemente estoy a punto de partir». ¡Qué tremenda actitud! Esta familia logró transformar la adversidad en una oportunidad para darle sentido a la vida. ¿Cuánto vivirá este caballero? La verdad que nadie lo sabe. Lo que sí me quedó claro es que cada minuto, cada hora, cada día, tendrá para él el valor de una eternidad, precisamente porque no sabe cuánto tiempo le queda de vida. Y yo pensé para mí mismo: «así deberíamos vivir todos».

Todo lo determina la actitud. No podemos elegir lo que sentimos, pero sí podemos elegir la forma en que reaccionamos ante lo que nos ocurre. Los sentimientos emergen solos, pero la actitud que asumimos frente a la vida es lo que va a establecer la diferencia.

Respuestas que no sirven

¿Cómo enfrentar esos momentos difíciles? Puede tratarse de la quiebra de una empresa, un divorcio, la pérdida del empleo, un hijo esclavizado a las drogas o el descubrimiento de una enfermedad terminal. Sin importar cuál sea la dificultad, las personas manejan de diversas formas los contratiempos que surgen en la vida. Una de ellas es enojarse en extremo, lo cual contribuye a que el problema se vuelva aún mayor. Otra forma es culpar a los demás, que lleva a que nunca se resuelva. A veces se opta por enredadas excusas para explicar el porqué de la dificultad, lo que añade innecesarias complicaciones. Muchos optan por buscar la forma de ocultar la dificultad para que nadie se percate de que existe.

Oportunidades únicas

¿Por qué huimos de los problemas? ¿A qué le tememos?

Las dificultades nos presentan oportunidades sin igual. ¿Acaso no es hermoso abrir el corazón y pedirle a alguien que nos preste el hombro para llorar? Podemos pedir que alguien venga a hablar con nosotros, que eleve una oración a Dios para que nazca fe en nuestro corazón. Las dificultades crean la oportunidad de poner en orden las cosas, entre ellas, pedir perdón por las ofensas cometidas.

Representan una oportunidad para abrazar a nuestros seres queridos y decirles cuánto les amamos.

Podemos aprovechar la situación para darles las gracias porque han estado con nosotros en las buenas y en las malas. Todo esto hace que la vida cobre sentido.

Por medio de las dificultades, por ejemplo, puedo descubrir amigos del alma, de esos que están cuando los demás se han ido.

  Por medio de las dificultades, por ejemplo, puedo descubrir amigos del alma, de esos que están cuando los demás se han ido. Cada uno de nosotros posee el potencial para vencer la adversidad, de sobreponernos a los errores o a los malos resultados. Podemos aprender a ver estos momentos como victorias potenciales, momentos que nos brindan la oportunidad de aprender y crecer. Una dificultad puede ser la ocasión  para descubrir lo que yo no había visto hasta este momento. Solamente la dificultad lo trajo a la luz. Por medio de las dificultades, por ejemplo, puedo descubrir amigos del alma, de esos que están cuando los demás se han ido. Son los amigos que lloran nuestras lágrimas, que nos acompañan en la adversidad. Quizás vuelva a descubrir una familia que dejé de valorizar porque estaba muy ocupado en mis asuntos. Cuando vino el tiempo difícil ellos fueron los únicos que permanecieron. Vuelvo a valorar el regalo de una esposa o un esposo que me ama, de hijos que me alegran la vida, y entiendo que no puedo perderme ni un solo minuto de la oportunidad de disfrutarlos. Si estamos atentos, las dificultades pueden aportarnos muchos tesoros incalculables. ¿Qué es lo que hace la diferencia? La actitud frente al reto.

 

La actitud es clave

Esto me lo enseñó mi papá hace muchos años. Yo era un estudiante universitario. Mi papá era de provincia y me había dado un auto. Un día lo choqué. Con el susto típico de un joven adolescente llamé a mi padre, pensando en la forma en que iba a reaccionar, pues el choque le había ocasionado un perjuicio económico. Cuando levantó el teléfono, le confesé: «papá, choqué el auto». Guardo silencio, y luego me preguntó algo que marcó profundamente mi vida:
«¿Estás bien?»
«Si papi, estoy bien» —le contesté.
«Entonces no hay problema» —me respondió. «Lo demás es solamente material».
En ese momento pensé: «qué hermoso tener un papá así, que me valora más que las cosas».
En ese momento mi papá había sabido cómo refrenar su reacción, la tendencia natural a concentrarse en los daños materiales. ¡Esto se llama actitud! Es ir más allá de los sentimientos, para enfocarse en lo que realmente importa.

Vidas que inspiran

Permítame compartir con usted algunos ejemplos de la historia.

Winston Churchill repitió el sexto grado. Experimentó reiterados reveses en su carrera como parlamentario y fue cuestionado gran parte de su vida. No obstante, a los sesenta y dos años, llegó a ser el extraordinario primer ministró que levantó al pueblo inglés durante la segunda guerra mundial.

Abraham Lincoln perdió dos contiendas senatoriales y otra elección a un cargo público. Finalmente llegó a ser senador. Cuando buscó la reelección, volvió a perder. Montó una empresa y terminó quebrado. Buscó un socio para salir del primer enredo solamente para volver a quebrar. No pudo casarse con su novia porque ella falleció antes de llegar al matrimonio. Sufrió toda la vida de terribles depresiones.

Seguramente usted pensará que, con semejante historial, este hombre no tenía futuro. ¿Sabe qué estaba ocurriendo en la vida de Lincoln? Se estaba desarrollando el carácter de un presidente que cambiaría la historia, no solamente de un país, sino de la humanidad.

Nosotros nunca entenderemos, en el presente, por qué ocurren ciertas situaciones. Pero si le damos tiempo al tiempo, veremos emerger un carácter más formado, mayor humildad en el corazón, la sencillez de ya no mirar para abajo, sino mirar para dar la mano.

Permítame compartir otro ejemplo. En 1876 Alexander Graham Bell inventó el teléfono. ¿Sabe lo que comentó el presidente de aquel momento?: «es un invento extraordinario; pero, ¿quién lo va a usar?» ¿Cuál es la moraleja? Nunca crea a los que no creen, ni ponga atención a los que hablan sin sentido. Déle espacio al sueño que se está materializando.

La madre de Thomas Edison se vio obligada a sacarlo de la escuela porque no era muy capaz y terminó vendiendo periódicos en los trenes. Edison, que era amante de la lectura, acabó montando una pequeña imprenta para sacar el periódico que él vendía. Con la misma creatividad inventó muchos otros aparatos. El más famoso de ellos fue la lámpara de luz, aunque necesitó ensayar más de dos mil veces hasta alcanzar el éxito. Cuando un joven reportero le preguntó como pudo soportar tantos fracasos, Edison contestó: «No fracasé ni una sola vez. Simplemente tomé dos mil pasos para crear la lámpara»

El valor de la perseverancia

¡Memorice esa frase! « Simplemente tomé dos mil pasos para crear la lámpara» ¿Por qué? Porque usted lo tendrá que decir muchas veces. Si usted abandona un proyecto en el anteúltimo intento, usted nunca conocerá lo que lo esperaba en el último intento. De todo lo que pueda compartir con usted, quisiera que le quede este mensaje: No importa cuántas veces lo haya intentado, nunca deje de caminar, porque la victoria pertenece a los que caminan. Lo logran los que dicen: «Quisiera tocar guitarra y, aunque no tenga brazos, voy a ensayar seis horas al día hasta que los dedos de mis pies aprendan a afinar la guitarra y sacar de ella la más bella música». Esa es la inspiradora historia de Tony Meléndez.

Nunca se auto-rotule de fracasado cuando algo no ha salido bien. No se quede tirado en el camino, porque es muy posible que requiera de dos mil pasos para llegar a su destino. La persona que persevera, vence. Este es el secreto de los que se han sobrepuesto a las dificultades. Aprendieron a mantenerse en actividad, en movimiento, aun en medio de la adversidad y la oposición.El que decide transformar la adversidad en victoria, reconoce que el fracaso es parte del camino, parte del proceso.

El que decide transformar la adversidad en victoria, reconoce que el fracaso es parte del camino, parte del proceso.

Vencidos y vencedores

En su libro: El lado positivo del fracaso, John Maxwell hace una interesante comparación entre los que se dejan vencer y los que han decidido transformar la adversidad en victoria. Maxwell señala que el vencido culpa a los demás por lo que le ocurre. Quien decide triunfar en la adversidad, asume la responsabilidad de sus actos. El que se deja vencer espera nunca más fracasar, ¡pero es imposible! Todos los que abordan algún proyecto pasarán por el valle de la dificultad. El que decide transformar la adversidad en victoria, reconoce que el fracaso es parte del camino, parte del proceso. El que se deja vencer cree que va a seguir fracasando o, peor aún, se dice a sí mismo: soy un fracasado. El que elige transformar los fracasos en victoria mantiene una actitud positiva frente a la vida. Quien se deja vencer se siente limitado por los errores del pasado. Sin embargo, quien quiere caminar y llegar está dispuesto a volver a arriesgarse.

El secreto de caminar no son los resultados sino el esfuerzo realizado, la pasión invertida. Existen quienes siembran semillas pero nunca comen el fruto que sembraron. Por la fe regaron y abonaron esas semillas. Otras generaciones, como la suya o la mía, hemos recibido el privilegio de recoger naranjas. No olvide, sin embargo, que para que usted recoja esas naranjas alguien tuvo que estar dispuesto a sembrar las semillas. No significa que la persona que sembró sin ver las naranjas fracasó. Más bien, tuvo visión del futuro.

La persona que decide dejarse vencer, cede y se relaciona con las personas incorrectas, y depende de lo que otros hacen. Quien decide transformar la adversidad en victoria persevera. Elige con inteligencia a sus amigos, aquellos que han decidido acompañarlo. Al entender que cada dificultad puede ser una oportunidad para avanzar un paso más en el proyecto que se le ha confiado, avanza con una confianza repleta de pasión.

Este artículo resume parte del mensaje compartido por el Dr. Porras en la conferencia «¿Cómo enfrentar momentos difíciles?» El autor, un reconocido conferencista internacional, ha producido más de 10.000 programas radiales y televisivos sobre temas relacionados a la familia. Es el actual Director de Enfoque a la Familia para el mundo de habla hispana. Vive, junto a su esposa Helen y sus dos hijos varones, en San José de Costa Rica. Publicado en Apuntes Digital II-6, edición de enero - febrero de 2010. Los derechos están reservados por el autor y Desarrollo Cristiano Internacional, ©2010.

13 de octubre de 2010

Estética para el Corazón

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¿Quién de nosotras no disfruta de una hermosa tarde al calor del sol para que nuestra piel quede brillante y nosotras llenas de energía? O, mejor aún, ¿quién no disfruta de unas horas extras en un centro de belleza, donde tratarnos la piel, el cabello y refinar nuestras manos?

Tal vez eres visitadora frecuente de estos lugares que tan bien nos dejan y hasta nos hacen sentir como nuevas. Es interesante pensar cuánto tiempo y dinero algunas mujeres invierten en cuidar su imagen exterior, incluido su guardarropas o vestuario, pero qué poco tiempo invierten en cuidar su corazón.

El corazón, se sabe, es el asiento de las emociones y de la voluntad de las personas. Es por ello que cuando pensamos en el corazón, pensamos en el espejo del alma, el espejo de lo que realmente somos.

En ocasiones nuestro corazón está manchado, deteriorado, dolido por preocupaciones y los problemas del diario vivir. En otros momentos se encuentra tomado por una terrible enfermedad como la vanidad y el egoísmo. ¡Qué mal nos vemos entonces! No olvidemos que el corazón es el espejo de nuestra alma.

¿Cómo te gusta verte al espejo?
Ya lo dice la Biblia: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida" (Proverbios 4:23).

La sabiduría, el cuidado y el amor de Dios por nosotras son infinitos; por ello, desde tiempos antiguos, estas palabras nos llegan con el ánimo pronto para detenernos a revisar lo que habita en nuestro corazón.

Y no es necesario hacer nuestra propia lista, pues todas en algún momento nos identificamos con parte de lo que Jesús hacía notar a sus seguidores: "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos... maldades, engaños, sensualidad, envidia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre" (Marcos 7:21).

¡Ésta sí que es una fantástica radiografía del corazón! Tal vez no te habías puesto a pensar que el corazón también necesita pasar por un centro de embellecimiento. Y aquí mismo está su tratamiento:

En primer lugar, será necesario que enfoques tu vista en Dios: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente" (Mateo 22:37). Él te ama desde siempre. Por ello prolonga tu vida.

Cuando vuelvas tu corazón a Dios, verás las situaciones de la vida con sus ojos, las vivirás desde su óptica. Podrás levantarte cada mañana y agradecer todo lo bueno del día, y poner en Él todas tus preocupaciones. Tus fuerzas serán nuevas, pues Él mismo nos promete que los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas y también la mente: "Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto" (Romanos 12:2).

En segundo lugar, el enfocar la vista en Dios hará que nuestra preocupación no esté solamente en nuestra persona, nuestra estética, nuestros gustos y deseos. Nuestro corazón se expandirá, recibirá la alegría que hay en amar a nuestro prójimo como a nosotros mismas. ¿Quién no ha sentido alegría en su corazón cuando ha podido ser de ayuda a otra persona? Tal vez una palabra que alentó; un abrazo que consoló; una mano que sostuvo, que compartió caramelos con un niño, ropa con la vecina necesitada... Y cuando lo haces una vez, tu corazón te pedirá hacerlo una y otra vez.

Transitamos por un mundo que mayormente cuida la estética de su persona exterior, la estética de su casa, de sus jardines, de los espacios públicos, pero que poco cuida la estética de su corazón.
¿Cuándo te miras al espejo - pero al espejo de tu alma - a quién te gustaría ver?

¿Cuándo miras el reflejo de tu alma, a quién reflejas realmente?
Los escritos antiguos registran estas palabras que salían del mismo corazón de Dios:

"No mires á su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desestimo; porque Dios mira no lo que el hombre mira; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Dios mira el corazón. He hallado a ... un varón conforme a mi corazón" (1 Samuel 16:7).

Cuando Dios te mira, mira tu corazón.

Gabriela Evangelina Jaime de Riva

La Pregunta más Difícil

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La paternidad está llena de desafíos. ¿Quién de nosotros no ha tenido que responder a las preguntas que nos hacen nuestros hijos?

«Papi, ¿por qué no puedo tener dos perritos?»

«Si ustedes se casaron a los dieciocho, ¿por qué yo no?»

«Papá, ¿qué es la Viagra?»

Tales preguntas harían tartamudear a un sabio. Sin embargo, empalidecen comparadas con la que hace un niño durante un viaje.

En una encuesta llevada a cabo por Lucado y Amigos (yo entrevisté a un par de personas en el pasillo) me encontré con la pregunta más complicada que padre alguno haya tenido que responder.

¿Cuál es la pregunta más temida por mamás y papás?

Es la que hizo un niño de cinco años durante un viaje: «¿Cuánto falta todavía?»

Póngannos problemas de geometría y sexualidad, pero no hagan a los padres responder a la pregunta: «¿Cuánto falta todavía?»

Porque es una pregunta imposible. ¿Cómo hablar de tiempo y distancia a alguien que no entiende de tiempo y distancia? El padre novato asume que los hechos serán suficientes: «Trescientos ochenta kilómetros». ¿Pero qué es un kilómetro para un niño que no tiene edad ni siquiera para el jardín infantil? ¡Nada! ¡Es como hablarle en chino!

El niño entonces pregunta: «¿Cuánto son trescientos ochenta kilómetros?» Ante esta pregunta, sientes la tentación de ser un poco más técnico y entonces explicas que un kilómetro equivale a mil metros, de modo que trescientos ochenta kilómetros multiplicados por mil metros equivalen a trescientos ochenta mil metros. No alcanzas a terminar la frase cuando el niño se desconecta. Se queda quietecito hasta que tú te tranquilizas y luego te pregunta: «Papá, ¿cuánto falta todavía?»

El mundo de un pequeñín está deliciosamente libre de cuenta kilómetros y relojes de alarma. Le puedes hablar de minutos y kilómetros, pero el niño no capta tales conceptos. ¿Qué hacer entonces?

La mayoría de los padres recurren a la creatividad. Cuando nuestras hijas eran bebés, les encantaba ver la película La sirenita. Así es que Denalyn y yo usábamos la película como una economía de escala. «Como si vieran tres veces seguidas La sirenita».

Y por unos cuantos minutos, aquello parecía funcionar. Sin embargo, tarde o temprano, la pregunta volvía. Y tarde o temprano, decíamos lo que todos los padres dicen: «Sólo confía en mí. Disfruta del viaje y no te preocupes por los detalles. Te aseguro que regresaremos bien a casa».

Y nos esforzamos para que así sea. No queremos que nuestros hijos se compliquen con los detalles. De modo que les decimos: «¡Confíen en nosotros!»
¿Suena familiar? Posiblemente. Jesús nos ha dicho lo mismo. Justo antes de su crucifixión, dijo a sus discípulos que los dejaría. «A donde yo voy [Pedro] no me puedes seguir ahora; mas me seguirás más tarde» (Jn 13.36).

Tales palabras dieron origen a algunas preguntas. Pedro habló por sus compañeros y preguntó: «Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora?» (v. 37).

Dime si la respuesta de Jesús no refleja la ternura de un padre hacia su hijo: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros ... vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Jn 14.1-3).

Lucado, Max: Cuando Cristo Venga. Nashville : Caribe-Betania Editores.

Difinitivamente en la vida Cristiana un elemento vital es creer, confiar y tener Fé en quien es nuestro Salvador. Muchas preguntas que tienes si Dios te las contestara no podrías entender sus respuestas y Él te dice, No se turbe tu corazón, cree en mí.

8 de octubre de 2010

Alza La Vista!

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Cuando yo estaba estudiando en la universidad, una de las materias que tuve que tomar era la de Atletismo. Una de las áreas en esa materia era el Salto de Longitud. Mi maestro, que era excelente, nos puso todos a saltar una vez sin decirnos nada.

Después de que cada uno había saltado, nos dijo que todos cometimos un error clásico y básico. Dijo que al pisar la línea de despegue, todos nos fijamos en la arena a dónde nos íbamos a aterrizar.

-"Quiero que hagan una cosa diferente en el siguiente salto", dijo mi maestro.

Todos pensamos que nos iba a decir que teníamos que correr más rápido o saltar más fuerte o algo semejante. Qué sorpresa nos dio cuando nos dijo que lo único que quería que hiciéramos diferente esta vez era, en el momento de pisar la línea de despegue, "¡levanta la cabeza y ALZA LA VISTA! Eso va a jalar tu cuerpo en un ángulo que les permitirá tener una mayor longitud en su salto," dijo mi maestro.

Muchas veces estamos tan enfocados en las cosas de este mundo y en nuestras propias vidas, que nuestros "saltos de fe" son tan pequeños. Ahí es cuando tenemos que levantar la cabeza y alzar la vista, "puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe". Sólo entonces vamos a hacer grandes cosas en el Señor.

Scott P. Brown

Juan 4:35
"¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega."

Que tengas un buen día!

4 de octubre de 2010

¿Quién Dijo que las Relaciones son Fáciles?

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“Lidiar con gente complicada siempre es un problema, especialmente sí la persona complicada es uno mismo”.

Las relaciones personales no son difíciles pero se vuelven complicadas cuando no aplicamos la Regla de Oro: “Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a tí” o “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a tí”.  O mejor aún: “Trata a los demás como a ellos les gustaría que los trataras”.

Todos los días nos estamos relacionando con personas, quienes pueden ser  nuestra pareja, nuestras familias, amistades, clientes o relacionados y es probable que con algunos nos llevemos muy bien, sin embargo con otros se nos hace cuesta arriba desarrollar una relación y esto puede costarnos un fracaso, pudiera ser emocional, físico, espiritual o financiero, hasta la pérdida de un empleo.

El experto en liderazgo, John C. Maxwell dice que: “Todos los éxitos en la vida son el resultado de iniciar relaciones con la gente correcta y luego fortalecer esas relaciones con buenas destrezas relacionales.”

¿Cómo podemos mejorar?

El primer paso para tener una relación exitosa es “ser el mejor”, y tratar a los demás como a  mí me gustaría ser tratado. Esto no es solamente para obtener un beneficio de  la otra persona, es para mí propio beneficio.

Por ejemplo, las parejas de matrimonios son las que enfrentan mayores conflictos y esto se va a reflejar en todas las demás aéreas de la vida, en su trato con los hijos o con los compañeros de trabajo o socios de negocios. Diversos problemas atacan a las parejas y muchas veces no se resuelven por causa del egoísmo, donde ninguno quiere dar su brazo a torcer y piensan que cada uno tiene la razón. Buscan ganar cuando lo ideal es que ganen ambos. Para lograr eso debes recordar que lo que haces a tu pareja te lo haces a ti mismo porque están en el mismo juego. Debo seguir la Regla de Oro.

¿Estoy tratando a mi pareja como a mí me gustaría ser tratado?

¿Estoy tratando a mis compañeros de trabajo como a mí me gustaría que me traten?

Si yo hago trampas en el matrimonio, realizo cosas indebidas en el trabajo, no valoro las relaciones ni las amistades y lo que busco es mi provecho personal, me estoy engañando a mí mismo. No pienses que te estás saliendo con la tuya. Existe la ley de la siembra y la cosecha que dice: “Cosechamos lo que sembramos, más de lo que sembramos, después de sembrarlo”. Así que debo preguntarme: ¿Qué estoy sembrando en esta relación?

Porque si estoy sembrando amor, voy a cosechar amor. Pero, si estoy sembrando engaños voy a cosechar engaños. Si siembro semillas de rectitud cosecharé paz, integridad, relaciones benéficas de gran calidad y de valor permanente.

¿Qué clase de relaciones quiero tener?

Creo que todos queremos relaciones saludables, relaciones que nos hagan crecer, relaciones donde podamos sentirnos amados, y para lograrlo debemos proponernos nunca tomar ventaja de la relación, eso sería manipulación y sólo te estás engañando al final. El apóstol Pablo decía “Un poco de levadura leuda toda la masa”, es decir un poco de contaminación contaminará todo. Ahora debo preguntarme ¿Qué cosas debo sacar de mi vida que me contamina?

Recuerda el gran mandamiento dado por Dios “ama a tu prójimo como a ti mismo” no puedes amar a tu prójimo hasta que primero te ames a ti, no puedes valorar a otros hasta que no te valores a ti mismo. El punto es que no tienes ventajas sobre los demás, no estás solo y para vivir necesitas de buenas relaciones.

Hoy es el mejor momento para comenzar a vivir bajo la Regla de Oro, de comenzar a tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros, o mejor aún, como a ellos les gustaría ser tratados, nos llevaría seguramente a ser felices, productivos  y a vivir en un mundo mejor.

En amor y liderazgo,

Pedro Sifontes

1 de octubre de 2010

La Gratitud es una Fuerza

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Mostrar gratitud es una buena manera básica y práctica.  Decir “gracias” después que alguien nos haya servido debería ser tan natural como respirar.  Como la propina que le dejamos a la mesera en un restaurante, es lo correcto.  Cuando un niño ofrece un “gracias” oportuno a un adulto, sorprende a todos.  Sin importar cuán joven, el gesto cortés trasciende edad y sabiduría y se gana el respeto de sus mayores; por un momento el niño es su igual.  Resulta un pensamiento sorprendente el darnos cuenta que aquello pasa en respuesta a una simple frase, “gracias”.

He aquí el asunto: una actitud de gratitud y agradecimiento trasciende la cortesía; es más que una formalidad gentil.  La gratitud libera energía, poder y aún autoridad que nos posiciona en un mejor lugar del que estábamos antes de brindarla.  Como sugiere el título del pensamiento, ¡la gratitud es una fuerza!

Las palabras gracias y agradecimiento se usan 120 veces en la Biblia.  Además, es el hilo común que leemos en los Salmos.  “Te daré gracias en la congregación; entremos por Sus puertas con acción de gracias al Señor”.  Al establecer el gobierno de Israel, el Rey David designó a ciertos hombres, mañana y tarde, para “darle gracias al Señor”.

Este principio era tan importante que David empleó gente para cantar su gratitud a Dios todo el día.  El legendario rey no estaba siendo sólo cortés; su actitud de agradecimiento estaba enraizada en su alma.  David era un hombre agradecido.  No es coincidencia que el dulce cantor de Israel fuese también un estratega militar exitoso… David está agradecido.

Los Estados Unidos se convirtieron en un poder similar usando el mismo principio.  En 1621 los antepasados colonos hicieron un alto en medio del enredo de colonizar esta nueva tierra.  Se dice que había más tumbas para enterrar a sus muertos que cabañas para alojar a sus vivos.  Dejaron Inglaterra para colonizar una tierra de libertad pero en el comienzo, la libertad les eludió y la enfermedad les azotó.  La muerte era su compañera.

En medio de sus problemas, tras recoger una escasa cosecha, hicieron un alto y dieron gracias.  Lo llamamos Acción de Gracias; era una tradición del tiempo de cosecha que trajeron consigo desde Europa.  Aquí pasó de una mera formalidad, más que un mero ritual.  Este fue un sacrificio que escogieron ofrecer a pesar de sus dificultades.

Hasta donde sé, los Estados Unidos es la única nación que ha separado un feriado nacional de Acción de Gracias.  ¿Debiera extrañarnos entonces que los Estados Unidos, como David y el antiguo Israel, continúen siendo una fuerza con la que bregar?

De la misma manera, un corazón agradecido se torna igualmente poderoso cuando damos gracias.  Este acto sagrado se torna especialmente potente cuando lo ofrecemos en medio de las circunstancias contrarias de la vida.  Es más, estoy convencido de que la acción de gracias encarna una ley espiritual que Dios estableció en la creación.  Tan cierto como que la ley de la gravedad nos atrae hacia el suelo, la ley del agradecimiento atrae mejores situaciones a nuestra vida cuando damos gracias por nuestras bendiciones presentes.

De hecho, el favor descansa sobre aquellos que viven en una actitud de agradecimiento.  La Biblia narra cómo diez leprosos vinieron a Jesús pidiendo misericordia.  La Escritura dice que “fueron limpiados” de su enfermedad.  Los diez tomaron camino pero sólo uno regresó para decir “gracias”.  A este, el Señor le dijo: “Tu fe te ha salvado”.  No estoy seguro de la diferencia entre “limpiado” y “salvado”, pero tengo la sensación de que “salvación” es mejor.  Una sencilla “gracias” abrió el camino para una mayor bendición.  La gente agradecida obtienen favor; esto sigue la ley del agradecimiento.

De la misma manera, dos buenos hombres, Pablo y Silas, estaban aprisionados en una mazmorra del primer siglo por compartir las Buenas Nuevas.  En un sótano oscuro e infestado de ratas, estos presos decidieron cantar alabanzas a Dios.  Una versión bíblica dice que “dieron gracias”.  Al hacerlo, ¡la ley del agradecimiento entró en efecto y las puertas de la prisión se abrieron!  En vez de huir, Pablo y Silas se quedaron y compartieron su fe con los carceleros.

Tal es la actitud de la gente agradecida.  ¿En qué prisión nos encontramos hoy?  ¿Será una emocional?  ¿O financiera?  ¿Estaremos encerrados en culpa, preocupación, desánimo ó desilusión?  ¿Estaremos aprisionados por un hábito que no podemos romper?

Conozco al menos parte del remedio.  Comencemos a dar gracias cada día por las buenas cosas en nuestra vida.  Olvidemos lo malo y concentrémonos en las bendiciones.  Como dice la canción: “Contemos nuestras bendiciones”.  Escríbalas si tiene que hacerlo.  Con el tiempo, se desatará una fuerza a través de la gratitud que ofrezcamos.

Y en caso de que pensemos que no tenemos de qué estar agradecidos, ¿qué de el último aliento que acabamos de respirar, y el que siguió, y el otro?  Eso merece unas “gracias”, ¿verdad?  Comencemos con eso y estaremos camino a una vida de agradecimiento.

Feliz Día  y “gracias” por leer el pensamiento.

William Baldwin

¡Qué tengas un Día Hermoso!

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Después de admirar una pintura en la casa de una mujer, me sorprendió su generosidad cuando la bajó y me la regaló.

He visto muchos actos similares de bondad. Durante años, mi suegra conservó su arcaica nevera para poder dar más dinero a la obra del Señor.

Una familia cristiana que conozco ahorró dinero para comprar un auto. Pero cuando tenía una urgente necesidad, se quedó con su auto viejo y dio el dinero a la misión.

También he escuchado hablar de un hombre de negocios cristiano que se pone algo en el bolsillo todos los días para reglar: un bolígrafo, una baratija y hasta un billete de diez dólares. A medida que pasa el día busca a alguien que se sentiría bendecido por recibir un regalo. Al buscar constantemente una oportunidad de dar -dice- paso un día hermoso.

El viejo refrán que dice: Los que aceptan cosas comen bien, pero los que dan duermen bien es sólo parcialmente cierto.

No debemos de dar de mala gana ni sólo por obligación, sino de corazón. Es el dador generoso y alegre en que Dios ama.

2 Corintios 9:7
Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.

Que tengas un día hermoso!